sábado, 29 de marzo de 2014

LUNES 10 DE FEBRERO DEL 2014 | 18:35 dIARIO EL COMERCIO

Un cuento dominical: El chico que quería ser un muñeco

Disfrute del relato de Juvenal Reyes, una creación más enviada por nuestro lector para la sección Un cuento dominical

Un cuento dominical: El chico que quería ser un muñeco

Ilustración de Ángela Peña

JUVENAL RODRIGO REYES MARCÉS
A veces los niños se identifican profundamente con algún cuento infantil, en especial cuando entran en contacto con él a corta edad.
Margarita escuchó “La Caperucita Roja” desde su cuna, y toda su vida se cuidó de hablar con extraños, por lo que nunca tuvo muchos amigos. La nana de Isabela le contó “Las Tres Plumas” cuando ya asistía al jardín, y como consecuencia la pequeña se sintió capaz de superar a sus hermanos a pesar de ser la más pequeña de la casa. Darío leyó “Barbazul” cuando estaba en primaria, y nunca fue capaz de romper una orden que le dieran sus padres o superiores, temeroso del castigo que pudiera recibir.
La madre de Miguel nunca tuvo tiempo para él. Su padre nunca estuvo en casa. No tenía hermanos y sus abuelos vivían en el otro extremo del país. Nunca le cayó bien a ningún profesor y tampoco lo elegían para jugar fútbol en los recreos. Así leyó “Pinocho” por cuenta propia, al mismo tiempo que sentía que no había lugar para él en este mundo.
La primera vez que lo leyó, le pareció divertida la idea de un muñeco cobrando vida. La segunda vez sintió una fuerte envidia hacia Pinocho, porque Gepetto arriesgaba su vida con tal de salvar a su “hijo”. La tercera vez le irritó que el Hada Azul fuera tan comprensiva. Luego de terminar el cuento por cuarta vez le pareció una lectura odiosa, y quiso nunca haber encontrado ese libro en su vida.
Los años pasaron. Miguel dejó de ser un niño abandonado para convertirse en un adolescente problemático. Una relajada primaria le cedió el paso a una convulsionada secundaria. Y el cuento que había despreciado de pequeño volvió a su vida inesperadamente: era lectura obligatoria de unos cursos de desarrollo personal a los que su madre (para ese momento a punto de casarse por tercera vez con un hombre que odiaba a Miguel) le estaba forzando a asistir.
Esta vez simplemente repudió a Pinocho. Lo consideró tonto e insultantemente inocente. ¿Para qué sentir? ¿Para qué abandonar una existencia plácida y simple a cambio de convertirse en un problemático humano? Si él tuviera la oportunidad de elegir se quedaría en la forma inicial de Pinocho, como un muñeco inerte de madera.
Esa idea le robó el sueño desde entonces. Sus notas terminaron de empeorar, tanto que sus profesores le dijeron que dé el año por perdido. Su madre lo castigó severamente cuando se enteró de lo sucedido, dejando de enviarle dinero, pues estaba de luna de miel con su flamante esposo. Además le amenazó con un castigo peor cuando regresara.
Miguel decidió encontrar a su Hada Azul y obligarla a concederle un deseo.
Nunca había creído en la magia y ahora se encontraba buscándola por cielo y tierra. Visitó mercados y barriadas, se internó en calles peligrosas e incluso viajó a un par de pueblos que tenían la fama de ser mágicos. No encontró lo que buscaba y su madre estaba a días de regresar.
Desahuciado, se recostó en su cama, sin esperanza alguna. Empezó a concentrarse en su deseo. Imaginó que primero sus dedos, luego sus extremidades y finalmente todo su cuerpo dejaban de ser carne para ser de madera. Dejó de prestarle atención al tiempo y a sus propias necesidades físicas.
Deseó ser Pinocho.
Días después su barrio armaba un escándalo. El hijo de aquella familia que tantas veces se había reformado acababa de ser encontrado muerto en su habitación. Muerto de inanición, aunque una viejita que vivía por allí atinó a decirle a un reportero que se había muerto de pena.
COMENTARIO: Roxana Del Pozo Trigoso
La historia de este cuento me hace pensar de cuanto daño podemos hacer a nuestros hijos sin pensar; porque muchas veces descuidamos la parte más importante para un ser humano que es la socio-emocional, la afectiva. 
La carencia de amor muchas veces puede llevar a una persona al suicidio. Los seres humanos necesitamos sentirnos queridos y mucho mas los niños que son seres en formación necesitan de sus padres y maestros para formar su personalidad y carácter.
Depende de cuanta dedicación e importancia les demos para que ellos puedan desarrollarse sanos y lleguen a una madurez emocional, sentirse seguro de si mismo y con la capacidad para poder tomar decisiones oportunas y adecuadas ante los retos que se le presentan en la vida. Serán en el futuro personas que se integren fácilmente en la sociedad y con una fortaleza para poder levantarse ante cualquier caída.
El hogar y la escuela debe brindar al niño un ambiente donde el pueda desarrollarse con libertad y sin temor a equivocarse porque aprenderá con amor.
Un gran pedagogo es Jesús al enseñarnos a través de todos los tiempos con amor, porque no mira en la gente las conductas negativas; sino lo positivo de cada uno de nosotros, es paciente y nos da libertad para elegir el buen camino. Y al volver nuevamente a Él nos recibe con gran amor.  Imitemos pues a Jesús que cuando nos da amor es misericordioso  y al perdonarnos  olvida nuestros pecados para siempre. 
Nuestro hogar debe ser propicio para desarrollar en nuestros hijos valores y virtudes morales como: responsabilidad, honestidad, convivencia, paz, armonía, amor, lealtad, fidelidad y felicidad.
Recordemos que se enseña con el ejemplo. Nosotros debemos ser coherentes con lo que hacemos, damos y enseñamos a nuestros.
Hagamos que nuestros hijos se sientan amados, únicos,con ganas de luchar y conseguir lo mejor para ellos y los demás.



viernes, 28 de marzo de 2014

DÍA MUNDIAL DEL TEATRO


Aprovechemos que este 27 fue el día mundial del teatro y este fin de semana llevemos a nuestros niños y niñas al teatro; ya que hay buenas ofertas. 
Recuerden que a parte de ser una distracción nos va permitir salir en familia y pasar más tiempos juntos, los niños se divierten y desarrollan su imaginación, lenguaje y atención concentración.

Aquí les mando una de las muchas que se presentan en la capital.



El sastrecillo valiente

El sastrecillo valiente

Cuento clásico con una puesta en escena que hará reir a grandes y chicos con sus divertidas situaciónes y lindas canciones. Narra la historia de un sastrecillo que pasa muchas situaciones para llegar a conseguir la mitad de un reino y el amor de una princesa
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LAS LONCHERAS NUTRITIVAS PARA NIÑOS DE 2 A 5 AÑOS




¿QUÉ ES UNA LONCHERA?

La lonchera escolar es el alimento que se consume a media mañana y debe aportar del 10% al 15% de los requerimientos energéticos totales.
** Una lonchera escolar nutritiva debe contener los 3 tipos de nutrientes que son:
  • Alimentos ENERGÉTICOS: están formados por el pan, kiwicha, trigo, arroz, maíz, quinua, papa, yuca, camote, aceitunas, maní, pecanas, almendras.
  • Alimentos FORMADORES: como el yogurt, leche, queso, hígado, huevo, pollo, pescado, carne de res.
  • Alimentos REGULADORES: están formados por las frutas y verduras.
No debemos incluir en sus loncheras las golosinas, ni los chocolates. Tampoco refrescos industrializados porque contienen mucha azúcar, al igual que las gaseosas brindan principalmente energía pro no son nutrientes esenciales. Las frituras se deben evitar por el aporte de grasas saturadas que incrementan el riesgo de un aumento del colesterol.


¿QUÉ DEBE COMPONER UNA LONCHERA?
  • Alimentos que proporcionen energía (como panes integrales, cereales integrales, galletas sin relleno, queques caseros, frutas secas, pasas, guindones, etc.)
  • Alimentos de origen animal bajos en grasa (como tortilla de huevo, huevos duros, jamones de pollo o pavo, jamón inglés, salchichas de pollo o pavo bajas en grasa, pollo a la plancha picado en cubitos, pollo deshilachado etc.)
  • Alimentos lácteos; preferible descremados (leche, queso, yogurt, etc.).
  • Alimentos con grasa vegetal ( maní, pecanas, palta, aceitunas)
  • Alimentos con alto contenido de fibra, vitaminas y minerales (frutas, verduras y cereales integrales) 
A los niños debemos ofrecerles variedad, colorido y presentaciones atractivas, también se puede involucrar a los niños pidiéndoles su opinión y dejándolos escoger entre algunos alimentos nutritivos, saludables y que sean prácticos a la hora de llevarlos al colegio. 
Cuando un alimento no es práctico, el niño se frustra (por ejemplo una mandarina con la piel muy pegada a la pulpa) al niño le toma todo el tiempo del juego al aire libre en  pelarla en vez de ira jugar con sus amiguitos, lo cual genera futuro rechazo a las loncheras.

La función de la lonchera en primer lugar es poder darle al niño energía y nutrientes indispensables para su organismo.  
Hay que tener claro que de ninguna manera la lonchera sirve para reemplazar ninguna de las comidas principales como el desayuno o el almuerzo. La lonchera es una pequeña merienda lo ideal seria que no pasara de las 300 calorías (250 -300 calorías).  La lonchera es sumamente importante ya que los niños como están en actividad constante necesitan energía varias veces al día (en pequeñas porciones; la capacidad gástrica del niño es mucho menor que la de los adultos).

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE UNA LONCHERA...
  • Brinda alimentos de fácil digestión.
  • Es variada.
  • Tiene muchos colores y figuras atractivas, lo cual estimula el apetito del niño. 
  • Es pequeña y sencilla.
  • Las frutas y demás alimentos están cortados en trozos pequeños.
  • Evita comidas abundantes, ya que es muy probable que el niño pierda el apetito.
  • Incluye  panes suaves.
  • No incluye alimentos muy salados o demasiado dulces.
  • Si contiene galletas, van sin empaque y en un envase hermético.
  • No le falta agua.
Un ejemplo de una lonchera
 colorida y nutritiva







jueves, 27 de marzo de 2014

¿CÓMO LOGRAR NIÑOS FELICES CON UNA AUTORIDAD POSITIVA?

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el “negocio” más importante: la educación de sus hijos.
¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?
Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, usted, como todos -yo también- en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No se preocupe por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intenta educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.
Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:
  • La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede rayar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace “fechorías” y su padre no le corrige, piensa que es porque su padre ni lo estima ni lo valora. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.
  • Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro. En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.
  • El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.
  • Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también.
  • Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: “Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma”.
  • Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres…
  • No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.
  • No negociar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.
  • No escuchar. Dodson dice en su libro El arte de ser padres, que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar… nunca.
  • Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores… ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondiente errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, “para que el niño aprenda” se las repiten una y otra vez.
Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y “trucos” sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.
Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:
  • Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.
  • Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir “sé bueno”, “pórtate bien” o “come bien”. Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.
  • Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.

  • Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.

  • Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.

  • Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.

  • Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.

  • Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.
Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles:amor y sentido común.
Educar es estimar, decía Alexander Galí. El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.
El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con hondas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La familia

La familia como primer ámbito educativo necesita reflexionar sobre sus pautas educativas y tomar conciencia de su papel en la educación de sus hijos e hijas. La realidad actual se le escapa, y esto repercute en la vida del niño y la niña, lo cual conlleva a su vez problemas escolares y familiares que surgen a diario: desinterés, falta de motivación, dependencia, bajo rendimiento, fracaso escolar, violencia, etc., y no se pueden achacar a la sociedad en abstracto, a la familia, a la escuela o al alumnado, de manera independiente, sino que la interacción de todos ellos es la que propicia esta situación.
Son los padres y las madres quienes gozan de una relación de intimidad única que exclusivamente se da en el seno de la familia y que permite todo tipo de interrelaciones personales: de afecto, ayuda, orientación, soporte, etc, que influyen y modifican los comportamientos de todos sus miembros. Suele decirse que en una familia todos educan y son educados.
Son, asimismo, los padres y madres quienes están en mejores condiciones, a causa de su cariño desinteresado, de conseguir el aumento en autonomía de sus hijos e hijas y, por tanto, la madurez: un crecimiento en libertad y responsabilidad que solamente es posible, de manera armónica, cuando la familia soporta las decisiones personales, con su mezcla de aciertos y errores.
La participación de los padres en la vida escolar parece tener repercusiones tales como:
• Una mayor autoestima de los niños y niñas.
• Un mejor rendimiento escolar.
• Mejores relaciones padres/madres e hijos/hijas.
• Actitudes más positivas de los padres y madres hacia la escuela.
Los efectos repercuten incluso en el profesorado, ya que los padres y madres consideran que los más competentes son aquellos que trabajan con la familia (Pineault, 2001).

¿Cómo llevarlo a la práctica?

Es necesaria una nueva forma de enfocar la educación en la familia, que ha de tomar conciencia de la necesidad de su participación en ámbitos sociales más amplios. Esto exige una formación de padres y madres a través de programas.
Las propuestas han de ir enfocadas hacia intervenciones globales en las que se impliquen las instituciones sociales, escolares y familiares, desde una perspectiva interactiva, ecológica y comunitaria.

La escuela

La escuela se sitúa en el segundo espacio, de vital importancia, en la vida de los niños y niñas.
Entre sus objetivos se encuentra:
• Fomentar la participación.
• Cooperación.
• Colaboración entre el alumnado.
En consecuencia, la puesta en práctica de los valores comunitarios y democráticos que se proponen en la familia y la escuela formarían parte de las experiencias y vivencias del alumnado, desde los dos ámbitos en los que interactúa cada día, configurando su identidad y autoconcepto.
La educación no se puede fragmentar, y la familia y escuela son entidades paralelas y complementarias en este proceso, por ello la educación no tendrá éxito si no hay coherencia y comunicación en los dos ámbitos.

Funciones de la Familia