¿Por qué los algunos niños pegan o muerden?
Es habitual recibir consultas de mamás o papás muy angustiados porque han sido citados por el personal del jardín de infantes al que concurren sus hijos, debido a que éstos manifiestan conductas repetitivas de pegar o morder en la clase.
Si bien es importante prestar atención cuando un niño pega, muerde, tira del pelo o agrede a otro, también es importante tener en cuenta algunas características de este comportamiento, para discriminar entre conducta “esperable” y conducta “patológica”.
Entre los 18 meses y los 3 años, las conductas de agresión a otros niños son bastante habituales. Pegar, morder o tirar del pelo, es para muchos niños de esta edad, una manera de expresar emociones.
Debido a que el lenguaje verbal no está consolidado aún en los niños pequeños, ellos utilizan el lenguaje corporal para manifestar sus necesidades y sentimientos.
Emociones como frustración, enojo, bronca o celos hacia otro, serán probablemente expresadas mediante la agresión, ya que todavía no pueden usar las palabras.
Con niños de 4 o 5 años es menos probable que esto ocurra, ya que pueden decir lo que necesitan, expresar su enojo o lo que sienten.
Si la conducta de pegar persiste hasta esta edad, es importante estar atentos a su frecuencia y determinar si el niño que agrede está atravesando alguna problemática familiar o escolar que no está pudiendo manejar y, en ese caso, realizar una consulta profesional.
¿Qué debemos hacer los papás?
Cuando un niño pequeño presenta conducta agresiva hacia otros es importante:
- Señalar verbalmente con firmeza lo incorrecto de la conducta. Mirar al niño a los ojos con seriedad, tono firme y decir “No se pega, muerde al amigo o compañero”. Si es necesario controlar físicamente al niño agarrar su mano y separarlo del niño agredido.
- Si el niño persiste en su intención, aplicar la técnica del tiempo fuera. Llevarlo a un lugar sin estímulos para que pueda pensar lo que hizo. (sostenerlo allí durante un tiempo no mayor a un minuto por año de edad).
- No pegarle al niño en la mano o en el cuerpo como castigo por lo que hizo, sino estaremos siendo incongruentes con lo que queremos enseñar.
- Cuando el niño se calmó hablar tranquilos sobre la importancia del buen trato entre pares. Reforzar la importancia de decir y usar las palabras en lugar de la agresión.
- Nunca decirle al niño que él es “malo”, “feo”, “tonto”. Los grandes enseñamos repudiando la conducta de agresión, no al niño.
- Si a pesar de todo, y a medida que el niño puede expresarse verbalmente la conducta agresiva persiste, consultar a un profesional especializado nos brindará tranquilidad y mayores herramientas para entender al niño y enfrentar la conducta problema.
Límites, caprichos y berrinches
Si bien cada familia y cada hijo es único e irrepetible, detrás de un límite está siempre la necesidad de nuestros hijos de ser contenidos y la nuestra de contenerlos.
¿Qué es un límite?
- Es sinónimo de amor y contención.
- Es el primer acto de amor que los papás le ofrecemos en la vida.
- Es el primer organizador de su vida.
- No es algo más agregado, que puede ponerse o no. SIEMPRE están, aún sin estarlo
- Dar y poner límites, es enseñarle a nuestro hijo a, que aprenda a esperar y a saber que todo no es aquí y ahora. Que hay cosas que puede y hay otras que no puede hacer o tener.
¿Hay que retarlos o ponerlos en penitencia?
¿Cómo lo manifiestan?
- Probar y conocer cual es nuestro límite de tolerancia.
- Firmeza: Sin golpes ni castigos físicos o psíquicos. No se aprende por humillación; de ese modo sólo se los somete y se los lastima.
- Mostrarnos seguros pero con afecto y hablándoles mucho.
- Coherencia entre papá y mamá.
- No dar dobles mensajes.
- Ofrecerle alternativas posibles que sí pueda realizar.
- Respetar su enojo sin necesidad de intervenir. Acompañándolo y dándole tiempo para que se le pase.
- Ser concretos.
- Cumplir y sostener lo que decidimos.
- Ser constantes en la puesta de límites
- Poner un "NO" claro.
- Limitarlos estando nosotros tranquilos, sin gritos.
- Anticiparles cuando algo va a terminar o cuando no queremos que haga determinada cosa. Nuestra conducta y actitudes como padres serán el modelo y la forma en la cual comprenderán qué esperamos de ellos. Y desearán responder a esa expectativa por el amor que nos tienen. Aprenderán así, poco a poco a socializarse, a crecer como personas autónomas, libres, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en la sociedad que les toca vivir. Si nos manejamos con premios y castigos, solo lograremos un adiestramiento, pero no un verdadero aprendizaje que los ayude a ser felices y libres.